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Chamanes jaguares de Yuruparí, un modo de vida que le pertenece a la humanidad

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 Foto Sergio Baterlsman


A finales del 2011, Colombia se enteró de una importante noticia para el país y el mundo: por primera vez una cultura completa hacía parte de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia, la Educación y la Cultura), tan importante reconocimiento era para los chamanes jaguares de Yuruparí, cultura indígena de los grupos étnicos que habitan la cuenca del río Pirá Paraná en el departamento del Vaupés.

Allí, internadas en la selva, cerca de 2.500 personas tienen un modelo ejemplar de  vida sustentado en la relación íntima que guardan con la naturaleza, en la cual necesitan mutuamente para garantizar su subsistencia, su desarrollo y su permanencia en el tiempo.


Esta premisa de los jaguares de Yuruparí, que parte del conocimiento ancestral indígena, es un sistema orgánico de conocimientos que de manera integral contiene toda la sabiduría para el manejo del territorio. Se manifiesta en la maloca, en los viejos, en las mujeres, en los jóvenes, en el conocimiento, en la naturaleza, en el aire, en la lluvia, en el sol… y es utilizado para el beneficio de la naturaleza y el ser humano. Es como el cuerpo humano, en donde cada parte es indispensable.


Así lo explica Roberto Marín, fundador y líder de la Asociación de Capitanes y Autoridades Tradicionales indígenas del río Pirá Paraná – ACAIPI, quien asegura que las personas que habitan este lugar, hoy tienen el gran compromiso de preservar sus comunidades y sus conocimientos ancestrales para garantizar que el mundo los conozca y los respete.


Pero esto no es sencillo, como tampoco lo fue el camino que emprendieron hace 15 años para mantener su cultura. Un camino que les tenía al final una recompensa que no esperaban.



La historia

 
En 1996, por primera vez los miembros de las comunidades indígenas del  río Pirá Paraná vieron la necesidad de poner la casa en orden. Fue entonces cuando decidieron conversar con los representantes de la Fundación Gaia Amazonas (FGA) -que por esa época estaban trabajando en la parte baja del río Apaporis- para que los acompañaran en su proceso de organización.


Así comenzó el trabajo integrado entre los indígenas y los profesionales de diferentes áreas (antropólogos, biólogos, abogados, pedagogos, lingüistas, etc.), quienes se plantearon la necesidad de conformar un equipo para entender mejor las características y necesidades de la región. 
Silvia Gómez, antropóloga y consultora de la FGA, participó directamente en este proceso, recuerda que hace cerca de siete años la comunidad mostró interés por fortalecer su conocimiento y sus tradiciones, con el fin de que los jóvenes se acercaran más a sus costumbres, un poco perdidas por los procesos educativos de occidente.


Para ello se conformaron grupos de investigación mixtos en los cuales los jóvenes, principalmente, recogieron la información sobre su origen, territorio, costumbres y demás aspectos, que luego organizaron adoptando técnicas occidentales como la sistematización, pero siempre partiendo de sus propias propuestas.


Ese proceso de investigación no solo sirvió para que los jóvenes conocieran más de su cultura y dejaran ese saber plasmado en su lengua (en muchos casos en español), los resultados logrados también fueron insumo para las escuelas en el diseño de planes de trabajo enfocados en las culturas indígenas.


Además, el proceso devolvió el valor real a cada uno de los miembros de la comunidad. Las mujeres, por ejemplo, revaloraron su papel como “productoras de comida, organizadoras de rituales, transmisoras del conocimiento y encargadas de velar por la familia y la comunidad”, dice Gómez.
En términos políticos y organizativos el proceso ayudó a la comunidad a fortalecer su propio gobierno, a que cada uno de los miembros que la integran, participe en las decisiones que se toman al interior de la comunidad y contribuya de manera directa en la preservación de su conocimiento y tradiciones.



Llega la posibilidad del reconocimiento


En el 2009, cuando ya existe un plan de vida estructurado por el trabajo realizado, es que se da la coyuntura para que ante el Ministerio de Cultura de Colombia se postule este modelo a la lista de Patrimonio Inmaterial de la Nación.


Según el Ministerio, era necesario un trabajo de verificación y cumplimiento de ciertos requisitos que podría tardarse dos años; sin embargo, el trabajo adelantado por la comunidad, por su propia iniciativa, estaba tan bien sustentado que el plazo de dos años no fue necesario. El reconocimiento del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural llegó mediante la Resolución 1690 del 5 de agosto de 2010, a través de la cual la manifestación fue incluida en la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial (LRPCI) del ámbito nacional, tras cumplirse la evaluación del Plan Especial de Salvaguardia (PES), en el que constaba el proceso de organización, el modelo de vida y la proyección del mismo.


A partir de este nombramiento y teniendo en cuenta el PES, el Ministerio impulsa el trámite para llevar este modelo de vida ante la Unesco, organismo ante el que se presentaron 46 propuestas. Entre ellas fueron seleccionadas las mejores siete que además cumplían con ciertos requisitos: documentos escritos, video, fotografías y una aplicación especial online para que los miembros del consejo evaluador de la Unesco pudieran conocer la cultura.
Tras esta evaluación, el 27 de noviembre de 2011 el Comité Intergubernamental de Patrimonio Cultural Inmaterial, reunido en la ciudad de Bali (Indonesia), oficializó la inclusión en la Lista de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad del conocimiento ancestral de los chamanes jaguares de Yuruparí. 


“Según la sabiduría ancestral, el Pirá Paraná es el centro de un vasto espacio denominado el territorio de los jaguares de Yuruparí, cuyos sitios sagrados encierran una energía espiritual vital que nutre a todos los seres vivientes del mundo. Los chamanes jaguares siguen un calendario de rituales ceremoniales, basados en sus conocimientos sagrados tradicionales, con miras a agrupar a la comunidad, curar a las personas, prevenir las enfermedades y revitalizar la naturaleza. Los rituales comprenden canciones y danzas que embellecen los procesos de curación”, destacó la Unesco. 


“Se reputa que la energía vital y los conocimientos tradicionales de los chamanes se han heredado de un mítico Yuruparí omnipotente, una anaconda que vivió como persona y que se encarna en unas preciadas trompetas sagradas fabricadas con madera de palma. Cada grupo étnico posee sus propias trompetas yuruparí, que son el elemento central de un ritual muy estricto denominado Hee Biki. Durante la ejecución de este ritual, se transmiten a los jóvenes varones normas tradicionales para la preservación de la salud del cuerpo y la conservación del territorio, en el contexto de su paso a la edad adulta. Los conocimientos tradicionales sobre la preparación de alimentos y los cuidados a niños y mujeres embarazadas se transmiten entre las mujeres”.


Así explica la Unesco el modo de vida de estas comunidades indígenas en las que confluyen las etnias Macuna, Itana, Barazano, Bará, Eduria, Tuyuca y Tatuyo. En total son 7 etnias y 16  comunidades.


El director de Patrimonio del Ministerio de Cultura, Juan Luis Isaza Londoño, estuvo presente en la reunión en Bali, en representación del país, y al conocer la inclusión de la cultura en la Lista agradeció la decisión en nombre de Colombia y de los portadores de la tradición.


“Esta expresión cultural representa buena parte de la diversidad del país y su inclusión en la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad (LRPCI) es un gran paso en el reconocimiento de la composición multiétnica y pluricultural de Colombia”, aseguró Isaza Londoño.
Esta manifestación se suma a las otras seis manifestaciones colombianas que ya se encuentran inscritas en la Lista: el espacio antropológico del Carnaval de Barranquilla, el espacio cultural del Palenque de San Basilio, el Carnaval de Negros y Blancos, las procesiones de la Semana Santa de Popayán, el Sistema Normativo Wayuu aplicado por el palabrero y las músicas de marimba y los cantos tradicionales del Pacífico sur.


¿Qué retos trae este reconocimiento?

 
Roberto Marín destaca que el reconocimiento ayuda a la comunidad y la impulsa a seguir avanzando con este sistema dentro de la región. “Motiva a que nuestros médicos tradicionales sigan de verdad desarrollando sus prácticas de ritualidades, motiva a que las mujeres comiencen de verdad a practicar y a responsabilizarse del programa de la soberanía alimentaria, a que personas naturales como nosotros, la juventud, los maestros con los diferentes programas que desarrollan en la región, comencemos de verdad a asumir nuestra responsabilidad de acuerdo con la recomendación del sistema. Nosotros estamos comprometidos a asumir el reto que nos queda para que de verdad este conocimiento se ponga en práctica como dicen los ancestros”.


Roberto pide apoyo a las instituciones del departamento del Vaupés y del país para que lleguen a tiempo los recursos que requieren para garantizar la ejecución del plan de salvaguardia.


Por su parte, Martín von Hildebrand, director de la FGA, destaca que uno de los aspectos importantes de este reconocimiento está en “que por primera vez se está registrando como patrimonio de la humanidad, e inclusive como patrimonio nacional, una cultura en su integridad y no simplemente un elemento o un aspecto de la cultura como podría ser la música o la arquitectura, el lenguaje”. 


Y agrega que el reconocimiento que hace este organismo internacional es lo suficientemente claro para que el mundo occidental abra los ojos a nuevas propuestas de vida y de relación con la naturaleza.


“Es importante hoy en día, ante la crisis ecológica, así como ante la crisis social y económica, que se escuche a las demás culturas del planeta, e invitarlas a que busquen conjuntamente con nosotros soluciones. Es más fácil encontrar nuevas ideas y soluciones si se discute entre cuatro mil culturas diferentes que si se habla con una sola. La diversidad da varias opciones. Pero para hablar tenemos que respetarlas, reconocerles sus territorios, sus derechos, su validez y su importancia como seres humanos y sociedades”, dice von Hildebrand.


A este llamado se suma Silvia, quien destaca que “con el reconocimiento nos damos cuenta de que el bosque sin la gente que lo habita y sin las prácticas ancestrales, tradicionales y rituales no se va a conservar. El bosque se conserva con su gente adentro. El más conservado es el bosque amazónico colombiano frente a otros países de la misma zona, gracias a la figura de resguardos que ha reconocido la propiedad colectiva de este territorio, y  la comunidad es la que decide sobre su territorio. Este reconocimiento también es a la cultura intangible y es fundamental si queremos conservar el bosque a largo plazo”.


“Si queremos proteger el bosque hay que proteger el conocimiento ancestral tradicional”, enfatiza la antropóloga.

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El reconocimiento que hizo la Unesco a los chamanes jaguares de Yuruparí, al incluirlos en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, es el respaldo más grande que ha logrado en los últimos dos años la comunidad de San Miguel (Vaupés), representada en la Asociación de Capitanes y Autoridades Tradicionales indígenas del río Pirá Paraná-ACAIPI.

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[Foto: Sergio Baterlsman]

 

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[Foto: Sergio Baterlsman. Vaupés - Fundación Gaia Amazonas]

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